El segundo piso del Moa tiene un segmento dedicado a diversos modelos de máquinas de calcular que se utilizaron en este Observatorio como complemento necesario de las actividades de observación que realizaban los astrónomos.

 
Para determinar las posiciones estelares, además del tiempo nocturno de observación se requerían numerosos cálculos destinados a transformar los valores obtenidos en las mediciones en coordenadas, proceso denominado “reducción”.
 
Actualmente, las reducciones no presentan mayores dificultades, gracias a las computadoras que las realizan en forma automática, pero en el siglo XIX y principios del XX eran una problemática de gran importancia debido a la complejidad y gran volumen de trabajo que implicaban. Estas operaciones, en el caso por ejemplo de las mediciones con Círculo Meridiano, requerían tiempos que muchas veces superaba el de observación.
 
Para las determinaciones de las órbitas de objetos tales como asteroides o cometas, también era necesaria una considerable cantidad de cómputos matemáticos, la mayoría trigonométricos.
 
En 1875 las observaciones se comenzaron a acumular por miles y los cálculos estaban extremadamente atrasados. Por esa razón, la esposa del primer director del Observatorio, Mary Quincy Adams, comenzó a ayudar con los cálculos, tarea por la que no percibió pago alguno y que apenas fue reconocida con una mención en los trabajos científicos publicados, sin indicarse su nombre.
 
Hasta bien entrado el siglo XX, un gran número de empleados fueron contratados para la realización de cálculos sistemáticos, insumiendo una significativa parte del presupuesto del Observatorio Nacional, a la vez que resultaba limitante en cuanto a los tiempos de presentación de la publicación de la mayoría de las investigaciones.
 
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Las calculadoras del OAC

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