Una de las grandes cuestiones pendientes cuando se inauguró el Observatorio en 1871 era la unificación de la hora en el territorio nacional, problema  ligado a la elección de un meridiano de referencia.  

La sociedad colonial no tenía necesidad de precisiones de tiempo ni de lugar. La altura del Sol o el cansancio físico fijaban la hora del almuerzo o el fin de la jornada. Las referencias geotopográficas próximas, montes, arroyos, asentamientos humanos, la de situación. En los pueblos diseminados por la llanura, que iban emergiendo como hongos a medida que la inmigración se extendía como mancha de aceite, la hora era dada por los relojes sitos en la cima de esas torres eclesiásticas, para coordinar localmente las actividades sociales, fundamentalmente del culto.

Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XIX las determinaciones de posiciones geográficas se tornaron de gran importancia por la creciente expansión comercial y militar de muchos países, en especial aquéllos que contaban con grandes flotas mercantes y ponderable producción industrial, en pugna por la apertura de nuevos mercados.
Cuando el primer director del OAC, Benjamín Gould  inició trabajos de determinaciones geográficas. Los objetivos que se perseguían eran de beneficio común a todas las naciones y en especial para la Argentina por su amplio territorio y falta de referencias para los topógrafos en plena apertura del proceso inmigratorio de colonización. 

En igual época, la adopción de un meridiano único de origen y en consecuencia la fijación de usos horarios para la medición coordinada del tiempo era beneficioso para todos, tornando justificable estas determinaciones, indudablemente muy relacionadas con la astronómica de posición.

El Observatorio cumplió, en ese sentido,  un papel primordial por poseer un reloj normal preciso y el círculo meridiano anexo, los medios necesarios para emitir la hora con la regularidad y precisión requerida en los usos civiles.  A partir de 1894, el Meridiano de Córdoba comenzó a usarse como referencia para unificar la hora en todo el país. Su estratégica posición hacía que la diferencia de tiempo verdadero con los puntos más distantes nunca sea mayor a 24 minutos.  Argentina se convirtió así en el primer país de América del Sur en establecer una hora única para todo su territorio. Cuando el 1 de mayo de 1920 se adoptó como meridiano de referencia el de Greenwich, los relojes debieron ser adelantados 16 minutos y 48,2 segundos. El Observatorio de Córdoba continuó como encargado de conservar la Hora Oficial y transmitirla hasta el 12 de noviembre de 1923.

 

 

Mapa presentado en el trabajo sobre la unificación horaria (Carrasco, 1893). Se señala el meridiano de referencia propuesto, que pasa por el Observatorio de Córdoba.

 

 

 

 

Lugar que marca el paso de meridiano de Córdoba en el OAC.

 
 
Fuente y más información en: Córdoba Estelar 
Hora unificada y nacional

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