El Observatorio Astronómico es, desde hace 145 años, uno de los protagonistas indiscutidos de esta barriada. Y algunos rincones como este mural anónimo en calle Corro, recuerdan que en esta porción de ciudad se vive mirando el cielo.

Cuando el presidente Faustino Sarmiento y el primer director del Observatorio Benjamin Gould comenzaron a pensar en esta institución, y a buscar la mejor ubicación para la que sería la primera ventana al cielo desde la Argentina, quizá no pensaron en cómo este lugar iba a impactar en el desarrollo de Córdoba.  Hoy, el OAC es parte de recuerdos, anécdotas y memorias de los vecinos y de la ciudad.

A fines del siglo XIX, Gould,  recorría estas barrancas  a lomo de su caballo. Sólo polvo, cenizas y algunos matorrales acompañaban el manso paso del Río Suquía. Era el lugar perfecto para investigar los cielos del hemisferio Sur. La mayor parte del predio fue comprado por el Gobierno de la Provincia de Córdoba a los propietarios, el resto eran terrenos fiscales. Aunque próximo al centro, era de difícil acceso: a 1300 metros de la Plaza principal y a unos 40 metros sobre el nivel del resto de la incipiente urbe.

Desde su inauguración en 1871, el Observatorio comenzó a modificar este espacio: desde su nombre hasta la apertura de nuevas calles y sus denominaciones. Por ejemplo estos territorios eran demoninados “Los Altos” a  fines del siglo XIX y luego de la apertura del OAC comenzó a llamarse “Los Altos del Observatorio” para luego ser simplemente barrio “Observatorio”.

Los directores del OAC formaban parte de la vida pública cordobesa y la prensa difundía las diversas actividades astronómicas que se estudiaban o sucedían aquí. También, los periodistas se daban algunas licencias como el apodo  que le pusieron a Gould, y del cual la población local se hizo eco rápidamente:  era el  “pikinglis”, apócope inventado de “speak english” (el que habla inglés).

Por otro lado,  los sucesivos directivos  del Observatorio fueron importantes interlocutores del barrio ante las autoridades Municipales exigiendo las obras necesarias para jerarquizar la zona.
Así, a principios de 1900 se inició el loteo de los terrenos aunque recién a mediados del siglo XX el barrio pudo consolidarse e integrarse al resto de la trama urbana. En octubre de 1935 se anunciaba la apertura de un tramo de calle Laprida, que unió el barrio con el centro y recién entre 1953 y 1954, se nivelaron y abrieron las calles circundantes al predio del Observatorio.

En la década del `60, el pasaje Benjamin Gould dio inicio al desembarco de astrónomos en las calles del barrio: el pasaje Obrero (que rodea uno de los laterales del Observatorio) pasó a llamarse Pasaje Gould, y en 1963, por iniciativa del vicerrector de la Universidad los nombres de los astrónomos Felix Aguilar, Francisco Bondone, Juan Thome y Charles Dillon Perrine, también comenzaron a formar parte de la trama urbana barrial.

Puertas adentro, la historia del Observatorio se cuenta a partir de fotografías, publicaciones científicas de relevancia internacional e instrumentos centenarios que acompañaron a estos hombres de ciencia a lo largo de sus investigaciones.

Los viernes a partir de las 19 hs las visitas guiadas por el Museo del Observatorio Astronómico son abiertas al público, libres y gratuitas. Te esperamos para contarte un poco más sobre la Astronomía, las observaciones y hallazgos que tuvieron lugar en las habitaciones y cúpulas de nuestra más que centenaria institución.

Fuente: www.historiadelaastronomia.wordpress.com

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